De a Tres




Es el largo camino que me lleva a tu desván, donde los recuerdos han dado paso a los simples sueños.

La simple existencia de la paz transitoria que pretende ser duradera.

La simple calma de una tormenta que demoró en llegar y se ha tornado en una simple nada.

La nada que pretende ser el todo.

El todo que resume mi cordura.

La cordura de tus besos con sabor a harakiri.

El harakiri que amenaza con quitarte de mi lado.

El lado de tu almohada que se cose a mi costilla.

La costilla rota que no es edénica, pero es tan tuya como mía.

Mía.

Mía la noche en tus ojos rasgados, que ven mas allá de mi evidencia.

Porque no existe otra manera de hacer este viaje sin ti, no cabria en mi pecho un vacío de a tres.

Evacuar


La evacuación casi casi le ganò al escapismo.

-Yo no tenia idea de cuan disparejo es el amanecer querida bestia.Tan solo tenemos que ver como parten las aguas desde la terraza aquella en las brumas del amanecer.

-Si?, me parece demasiado simple y absurdo, demasiada lirica abyecta.
... Solo nos complace la simple vanalidad que abrazes algo tan común, como la olla de grillos que he intentado regalarte en el trascurso de toda la noche.

-Gracias bestia!.

Maraña


El crepúsculo marcaba la hora exacta, sin equivocaciones el sol arañaba el horizonte ocultándose apresuradamente, como cuando en alocada carrera el perro más fiero huye sin siquiera voltear para ver su inevitable fin, la hora exacta donde por arte de magia toda la selva calla, la hora donde no se sabe si es de día o de noche, donde los sueños se congelan en segundos desacelerados, la hora donde no se sabe si uno está vivo o tan muerto como todo lo real que rodea la bruma casi nocturna.
Lentamente deja caer lisuras por el aire, mientras se seca la tersa frente, quien diría que apenas los cuatrocientos años que rodean esas canas apenas es signo de vejez, no tenía la culpa de ser leyenda, de ser cuerpo sin tiempos, de ser apenas un atisbo de épocas arcanas, donde la edad era solo un mero formalismo, ahora simplemente la selva ha tenido que adoptar su forma silente para que, siendo apenas viejo, parezca ya un matusalén moderno embebido por sus propios recuerdos y absurdas victorias, el lejano parecer de una leyenda trashumante.
Mil ojos se han posado sobre la criatura que, siendo menos que despojos repta por la enmarañada vía verde, silente y agresiva, no todos los hijos de la selva tienen el pasaporte que libera de males de ojo, de punzocortantes picaduras, de efectos colaterales del tohé o simplemente del latigazo de alguna shushupe voraz y poco complaciente, la criatura esquiva ramas que a manera de brazos eternos hacen trastabillar al más recio y fiero mitayero, saltando montículos de recuerdos verdes, apilados como cadáveres secos de color verde; la criatura esquiva su destino cierto, queriendo apuradamente ser el más mortal de los mortales, sin que esto signifique ser el más imbécil, que por hazañas haya sido defenestrado y puesto en el último renglón y dejado para podrirse de tiempo en tiempo, por momentos, a cada segundo, lentamente y sin lugar a reclamos.
El crepúsculo ha fenecido ya y la selva cobra vida nuevamente, el estallido de sonidos nocturnos emula la tromba de alguna ensordecedora batalla, como cuando todo el grito visceral que nace desde las entrañas se une a otros miles de gritos que, aunque insonoros, rompen los tímpanos para dejar un simple hueco en el alma.
Solo aquel momento congelado en la selva carece de magia pagana, aquel momento puede revivir al arcano visitante de segundos, solo puede en ese momento proferir las lisuras de su juramento, solo en ese momento siente pena por su absurda razón de morir en cada atardecer, cuatrocientos años de morir a cada paso, en cada diario funeral solar, en cada cambio de piel reptante, en un simple juramento esparcido por las faldas mojadas de la selva verde.

(desvario: noviembre 03, 11:30 p.m.)